Detrás de cada expediente hay una vida: cuando el grito de auxilio se pierde entre instituciones



Esta semana volví a hacer lo mismo que he hecho tantas veces durante estos cuatro años: reunir informes, adjuntar documentos y enviarlos a las instituciones que conocen nuestro caso. Migraciones. La Comisión por la Memoria. La Embajada de Costa Rica.

Informé sobre las pericias, sobre sus resultados, sobre la situación actual de Lucas.

Y volví a esperar.

A veces siento que mi grito de auxilio se sigue ahogando entre hojas y documentos, entre correos electrónicos y pasillos institucionales.

Esta semana ocurrió algo nuevo al revisar todo el expediente de vuelta: de repente sentía que el corazón se me iba a salir del pecho y que la ansiedad me atacaba físicamente. Son cosas que se transitan en soledad y que, ante el desamparo, pesan cada día más.



El resultado de las pericias psicológicas y psiquiátricas

Los informes son claros sobre algo que como familia venimos reclamando desde hace tiempo: Lucas necesita atención en salud mental, tratamiento constante y profesionales que puedan acompañarlo y supervisarlo.

La última pericia psiquiátrica confirmó además algo que me preocupa profundamente: las condiciones que hoy tiene dentro del penal no son adecuadas para realizar el tratamiento que necesita.

Hay una escena de esa pericia que para mí lo resume todo. Durante la entrevista, Lucas sacó de su bolsillo las pastillas que le entregan diariamente. Explicó que no las está tomando porque tuvo efectos adversos y no tiene un psiquiatra que controle su tratamiento. Los mismos peritos revisaron su historia clínica y encontraron que el último registro firmado por un psiquiatra es de enero de 2025. Incluso señalaron que no es adecuado que Lucas tenga esa medicación simplemente guardada en su bolsillo.

Es difícil comprender cómo alguien puede estar alojado en un penal neuropsiquiátrico, recibir medicamentos psiquiátricos y, al mismo tiempo, pasar tanto tiempo sin el seguimiento de un psiquiatra.

Pero entre tantas cosas que duelen, los informes también nos dejan una esperanza. Los peritos consideran que Lucas debe continuar con tratamiento psicológico y retomar el tratamiento psiquiátrico bajo supervisión profesional. Y señalan que ese tratamiento puede realizarse cerca de nuestro domicilio si se le concede la prisión domiciliaria.

Eso es justamente lo que estamos pidiendo.

Tener la posibilidad de traerlo a casa, acompañarlo, asegurarnos de que reciba el tratamiento que necesita, ayudarlo a retomar sus estudios y devolverle poco a poco oportunidades que hoy parecen tan lejanas. 


Siempre me sugieren lo mismo: ¿Por qué no busca ayuda en la Embajada?

Me he sentido sola, abandonada por mi país, nadando siempre contra corriente y sosteniendo todo por mi cuenta.


Confieso que este sentimiento aún me acompaña y me quita el sueño mientras lloro sola por las noches, porque todos son espectadores y solo quien lo vive lo siente. Es un reclamo que me cala el alma, porque hay montones de buenas intenciones, lo sé, pero, me duele y me pesa la soledad con la que he vivido el proceso.


Comprendo perfectamente las capacidades y limitaciones que una Embajada y Consulado tienen ante la justicia de un país extranjero. Muchas cosas las fui aprendiendo en el camino.


Sin embargo, sé que con voluntad, la Embajada o el mismo Ministerio de Relaciones Exteriores, puede hacer más, mucho más. Tienen contactos que yo no tengo, acceso a personas que nosotros no. Este mundo, se mueve por contactos. 


Durante los últimos años he solicitado su intervención en defensa de derechos humanos, casos específicos como el acceso a la educación y salud. Les pedí acudir al juicio como espectadores, pero, por más que el Cónsul solicitara el permiso al Ministerio de Relaciones Exteriores en Costa Rica, se lo negaron.


¿De qué procesos estoy hablando? ¿Qué podría hacer la Embajada?


Lucas está matriculado al día de hoy, en la Facultad de Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata. Este proceso me costó un mundo, más allá del simple hecho de matricular, es darle acceso a Lucas a la virtualidad, el acceso a herramientas, conectar con un comité que la facultad tiene para privados de libertad.


Todo lo averigüé por mis medios. Ir a la facultad a buscar ayuda, presentar documentos para convalidar el título de secundaria.  Aquí no hubo intervención o apoyo de Costa Rica o Argentina para garantizar educación a un ciudadano, sin importar dónde esté, es un derecho humano de todo privado de libertad. 


Me cansé de esperar respuesta a los correos, pero lo logré por cuenta propia. 

Lucas ahora tiene la posibilidad de estudiar y estando en casa, sé que lo vamos a poder motivar de vuelta porque el reto hoy es otro, hacerlo salir de la cama y moverse.


En asuntos de migración, Tomás y yo aún estamos con criterio temporario, a pesar de llevar más de cuatro años en el país. Tomás finalizó dos años de primaria y, hasta que inició la secundaria, se convirtió en mi criterio de estadía.


Desde entonces pasamos años en procesos desgastantes entre ser turistas, indocumentados y personas sin un criterio a ojos de Migraciones. No podíamos justificar nuestra estadía en el país porque Lucas nunca fue suficiente motivo para ellos ni para los organismos a los que acudía a pedir ayuda, entre ellos ACNUR y CAREF, que están directamente enfocados en estos casos.


Toda ayuda y solicitud se envió siempre con copia a la Embajada, pero esta nunca salió en defensa de garantizar la contención de Lucas. Por ahí un día, con gran esfuerzo del cónsul, se consiguió un contacto que, sin intención, terminó por perjudicar mi expediente migratorio.


El panorama migratorio para Lucas es peor. Desde el 2022 he reclamado su identificación argentina y no por gusto. Todos los gastos en salud, los he tenido que cubrir de manera particular y privada. Esto porque no le puedo colocar una obra social a falta de documentación. La facultad también exige un documento de identidad para poderla mantener. Volvemos a los derechos humanos supuestamente inalienables. 


Presenté esta denuncia a Derechos Humanos, la Comisión por la Memoria y ellos conocen bien el caso de Lucas. Presentaron una solicitud al Juzgado que pretendía regularizar el estatus migratorio de Lucas.

¿Qué hizo el Juez? Denunciar a Lucas ante Migraciones y ahora tenemos un proceso de expulsión como otra causa paralela al proceso penal.

¿Qué hizo la embajada? nada, llevo meses esperando una respuesta.

La causa está asignada a un defensor público porque económicamente, es un tema que me supera. 


Entonces, ahí está! Que lo expulsen y listo!

No es así de fácil… 

Sigo gritando al cielo y mi país no responde. A veces creo que soy invisible.

Mientras tanto, en Costa Rica celebran logros del actual gobierno como el haber quitado los tomacorrientes de las celdas.

Ahora mismo pienso en una plaquita para mosquitos, pienso en un calentador de agua para chorrearse un café… y pienso: ¿allá quiero llevar a mi hijo?


Muchos podrán pensar que una expulsión permanente es la solución. 


Para nosotros representa un golpe emocional enorme. Hicimos un cambio de vida para acompañar a Lucas en este proceso. Dejamos nuestro querido país Costa Rica, el trabajo, la familia, los amigos que teníamos y tuvimos que reconstruirnos en un país extranjero.


Argentina, nuestro hogar del corazón

Con el paso de los años, Argentina se convirtió en nuestro hogar. En medio de una dura tarea familiar, de tristezas enormes, surgieron alegrías más grandes de conocer personas que hoy son nuestra contención.


Tomás llegó siendo un niño de 9 años y hoy es un adolescente de 13 años con amigos, con un colegio, con una vida que supo hacer en medio del caos.  Es un menor de edad que también merece su espacio en esta batalla. Hoy Argentina también es su país, es nuestro país. 


Bien dice la frase que tomamos por bandera: "El argentino nace donde quiere". 


Pues nos pasó, nos enamoramos de un país en medio del caos mismo que lo caracteriza. Por más que las estructuras nos quieran fuera, nosotros queremos quedarnos y construir un futuro aquí, aportar a este país y empezar desde cero porque sabemos que nada nos pertenece ahora mismo. Por eso mi emprendimiento, por eso mi intención de darle a Tomás estabilidad, porque es un menor de edad que no debe nada. ¡Le debo tanto!


Lucas no conoce Buenos Aires siquiera, a pesar de haber pasado 4 años y medio en Argentina, solo conoce los penales y las historias que Tomás y yo llevamos al penal.


En su cabeza dibuja sueños de viajes juntos en familia, de volver al viaje que hicimos a Bariloche, conocer la nieve, imagina las callecitas pintorescas de San Martín de los Andes, ver con sus propios ojos el fin del mundo en Ushuaia, disfrutar de los carnavales en Jujuy o una mirada a las cataratas del Iguazú… quizá solo sentarnos en cualquier Plaza Italia a tomar mate con bizcochos y libritos.


Yo como su mamá, sigo dispuesta a luchar por sus sueños. Estoy segura que algún día será una realidad. Así como mi sueño de tener una cabaña en La Patagonia, cerca de un lago, con una ventana a las montañas, una chimenea que me caliente mientras sigo escribiendo historias. 


Gracias por leer y por acompañarnos en este camino.


Con cariño,


Carolina Solórzano

Mi Proyecto Corazón

El camino de una madre hacia la libertad de su hijo.


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