Cada paso de este proceso lo caminamos juntos. Y por eso también pesa en el corazón.
Muchas veces me despierto con desesperanza; otras veces ese sentimiento desaparece o, quizá, la palabra correcta es que se disuelve entre las obligaciones del día.Mañana Lucas tiene la primera de dos pericias psiquiátricas programadas para esta semana. La segunda será dentro de pocos días. Desde que nos notificaron las fechas, siento que el tiempo empezó a medirse de otra manera. Hay días que pesan más que otros, y estos han sido de esos.
A lo largo de estos cuatro años hemos aprendido a vivir pendientes de resoluciones judiciales, audiencias, informes médicos y fechas que terminan marcando el ritmo de nuestras vidas. Sin embargo, confieso que pocas cosas me generan tanta ansiedad como las pericias psiquiátricas.
Quizá porque detrás de una evaluación de unas cuantas horas se juega mucho más que un informe. Se juega la posibilidad de que alguien identifique el deterioro que llevo años viendo en mi hijo. La esperanza de que, esta vez, su salud mental no vuelva a pasar inadvertida. La posibilidad de que pueda regresar a casa y recibir el tratamiento que necesita rodeado de quienes lo amamos.
Mientras escribo estas palabras, todavía no sé qué ocurrirá mañana.
Solo sé que, como madre, una vez más me tocará esperar.
Y también sé que muchas personas quizá nunca han escuchado hablar de una pericia psicológica o psiquiátrica dentro de un proceso penal.
Pero, ¿Qué son las pericias?
Las pericias psicológicas y psiquiátricas son evaluaciones técnicas y científicas de la salud mental ordenadas por un juez para ayudar a resolver un tema penal o en nuestro caso, definir si procede la prisión domiciliaria.
La pericia psicológica analiza la conducta, la personalidad y las huellas emocionales que lleva Lucas en su historia. La pericia psiquiátrica diagnostica enfermedades o trastornos mentales, y ambas entregan un informe escrito que sirve como prueba objetiva al juzgado que lleva el caso penal de Lucas.
En nuestro caso, no estoy segura de la objetividad del juez, es lo que más me preocupa. Un juez que ya de por sí, sentenció a mi hijo sin pruebas objetivas.
Mismo juez que, a mi criterio, ha demostrado no tener imparcialidad y no debería ser quien decida, pero, esto también lo denuncié en varias ocasiones ante la embajada, derechos humanos y sigo gritando ayuda al cielo…. sin que nadie responda.
Será entonces este mismo juez a quién le corresponde definir nuevamente el futuro de mi hijo, pero esta vez, espero que sí considere la salud mental de Lucas y no la pase por alto como en otras ocasiones. Ya no estoy dispuesta a seguir en silencio.
Los traslados a la pericial
Cada vez que Lucas tiene que enfrentar pericias, el día se convierte en un martirio.
A lo largo de estos años hemos enfrentado pericias psicológicas y psiquiátricas muchas veces. Cada vez que esto sucede, estoy con el alma pendiendo de un hilo desde las 3:00 a.m., hora en la que los retiran de las celdas y perdemos comunicación, hasta las 9:00 p.m. aproximadamente, cuando regresa a la celda de nuevo. Es una agonía de todo un día.
Esta semana, las pericias psiquiátricas contemplan dos días de traslados. Dos días que desde el anuncio de las fechas, pesan.
La oficina pericial de La Plata está ubicada aproximadamente a 30 minutos de la Unidad 34 de Melchor Romero, en La Plata. Sin embargo, los traslados de privados de libertad, les toma todo un día.
Esto es debido a que los traslados los realiza el Servicio Penitenciario en un autobús colectivo que pasa por todas las unidades penales de la provincia, llevando a los muchachos al Juzgado o la pericial. Así que no importa que estemos hablando de personas que ya de por sí, por sus padecimientos están alojados en un penal que es neuropsiquiátrico, muchos con padecimientos graves psicológicos y psiquiátricos, igual los mezclan con los detenidos de todos los otros penales y hacen el mismo recorrido.
Por más sano que alguien esté, después de un día así, termina con un trauma. El simple hecho del tipo de traslado, es deshumano. Pasan todo un día encerrados en un autobús sin ventanas, esposados y sin comer. Si, no comen en todo el día.
Confieso que cada vez que estoy conduciendo por La Plata y veo estos colectivos del Servicio Penitenciario haciendo traslados, lloro.
Deseo detener el autobús, me he imaginado como en las películas de asalto, chocando contra el autobús y solo para poder llevarles agua, algo de comer y decirles que aún existimos personas afuera que consideramos que sus vidas valen la pena, abrazarlos porque yo puedo sentir su dolor.
En estos traslados hay de todo. Lucas ha tenido que soportar abusos de autoridad, estar con otros presos que le quieren robar su abrigo, sus zapatos. Todo es necesidad de algo, siempre hay tanta necesidad más allá de lo material. Lucas ha sufrido los traslados en medio de insultos, escupitajos y ha llegado a la celda con las muñecas destrozadas después de finalizado el día. Pero, de estas cosas nadie se anima a escribir o hablar.
Y yo, me siento como si todo lo que él me cuenta, me pasara a mi. Además, imagino y asumo con dolor todo lo que nunca me contará, pero tengo una gran imaginación, así que ustedes saben todo lo que ha de doler.
Hoy, mientras escribo estas palabras, en una fecha tan especial para los costarricenses como el 2 de agosto, día de nuestra Negrita, también hago mi propia peregrinación. No será caminando hasta la Basílica de los Ángeles, sino a través de estas palabras, con la misma fe de una madre que espera un milagro. Tener a Lucas nuevamente en casa sería un bálsamo para mi corazón.
Sé que hay muchas personas caminando junto a nosotros en este proceso. Cada oración, cada mensaje y cada gesto de cariño ha sido una luz encendida en medio de los momentos más oscuros. Gracias por sostenernos con su fe. Mi mayor deseo es que todo el amor que hemos recibido regrese multiplicado a la vida de cada uno de ustedes.
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